- ¡Mañana me voy! Tengo
muchas ganas de ir. –Dijo Giulia-.
- Te voy a echar mucho de
menos, imagínate el verano que hubiéramos pasado juntas. –Dijo Bibiana-.
- Yo también te echaré de
menos, Bibiana, seguras que nos lo hubiéramos pasado genial pero necesito
desconectar un poco, me espera un año bastante agotador.
- Lo entiendo, ¡espero
que te lo pases genial!, espero que me llames cuando estés allí.
- Lo haré y gracias por
todo, adiós Bibiana espero que tu verano vaya genial.
- Adiós Giulia,
igualmente.
Giulia colgó el teléfono.
Fue a su habitación y hizo las maletas, mañana se iba a La Toscana, había
terminado el instituto y el año que viene iba a la universidad.
Empezaba el verano y lo
iba a pasar sola en La Toscana, necesitaba desconectar. A sus padres no les
había parecido bien que fuese allí, querían que se quedara en casa estudiando
para que no bajara su nivel académico, Giulia era chica de sobresalientes, sus
padres la obligaban a estudiar todos los días muchos temas y deberes que aún no
le habían mandado, sus padres eran muy estrictos y exigentes.
Llegó el día, a las 6 de
la mañana ya estaba despierta acabando de desayunar, llegaba tarde. Cogió sus
maletas y su bolso y bajo a la calle y entro en un taxi.
- A la estación de tren
de Florencia, por favor.
El taxi aceleró, Giulia
miraba por la ventana, observaba todo, pasarían tres meses hasta que volviese a
ver Florencia, su ciudad, otra vez.
Llegó a la estación,
tenía tiempo, pero tampoco tanto. Giulia corría por la estación intentando averiguar
donde estaba el tren, después de buscarlo mucho tiempo, lo encontró. Entro en
el tren, no había mucha gente, se sentó y miro todo por última vez por la
ventana, lo echaría en falta mucho pero la decisión ya estaba echa.
Llegó a La Toscana. Cogió
sus maletas y entró en un taxi de los diez que habían.
- Al hotel Aciueta, por
favor.
Como de costumbre miró
por la ventana, el taxi avanzaba y se podía ir viendo la ciudad, todo era tan
bonito. Llegó al hotel, la puerta estaba cerrada así que tocó el timbre, no
había nadie. Giulia pensó que el taxista se había confundido de hotel así que
se fue de allí y empezó a andar, cogió un mapa que había cogido en la estación
y intentó buscar donde estaba y donde estaba el hotel. Vio a un chico andando
muy rápido, parecía que llegaba tarde a un sitio, parecía de aquí, era castaño
y moreno y bastante alto, fue a preguntarle por el hotel, cuando el chico la
contesto se fijo en sus ojos azul marino y su perfecta sonrisa, Giulia sonrío.
- Si que sé donde
está,-dijo el chico- el hotel es mío y tengo mucha prisa porque me están
esperando y ya llego tarde, por cierto ¿eres Giulia? es que tu voz se parece a
la que me llamó.
- Sí,-sonrió- soy yo.
Giulia empezó a
explicarle todo lo que le había pasado ese día ‘’es que el taxista me ha
llevado a un hotel que estaba todo cerrado y claro he pensado que quizás no era
ése y por eso he ido a preguntar y por casualidad te lo he preguntado y
bueno, la resta ya la sabes…’’ , casi
que no podía respirar de tanto hablar, el corazón le iba a cien, estaba
sonrojeada, parecía enamorada.
- ¡Lo siento mucho!
Siempre llego tarde a los sitios. Ahora te llevo allí.
Llegaron al hotel y le
enseñó la habitación, Giulia entró y se estiro en la cama, estaba muy cansada y
también tenía mucha hambre.
- ¿Sabes algún sitio por
aquí que esté bien para ir a comer? Tengo mucha hambre.
- Sí, aquí al lado hay
una pizzería, ¿vamos a comer juntos? y te lo pago yo, por supuesto, para
compensarte por lo de antes.
- Me parece bien pero ya
me pagaré yo lo mío, gracias igualmente.
- ¡No!, ¡Insisto! Lo
pagaré yo.
- De acuerdo-sonrieron-,
pues quedamos en la puerta en diez minutos?
- ¡Me parece bien!
- Por cierto, ¿cómo te
llamas?
- Me llamo Fabio.
- Bonito nombre, en fin,
después nos vemos.
Giulia se fue ala
habitación muy contenta, cogió su ropa más bonita y se la puso, Fabio, en
cambio, fue a hablar con Federicco, el jefe del restaurante, para encargar
mesa. Pasaron los diez minutos, los dos ya iban para el restaurante.
Mientras andaban no se
dijeron nada, solo sonreían. Llegaron al
restaurante, Fabio fue a saludar a Federicco, se conocían de hace mucho tiempo
y tenían buena relación, Fabio presentó Giulia a Federicco. Se sentaron en la
mesa. Pidieron dos coca-colas y dos pizzas de cuatro quesos.
Empezaron a hablar y
empezaron a preguntarse cosas sobre sus vidas.
Fabio tenía 23 años, toda
la vida había estado dependiendo de sus padres y ellos eran muy exigentes
también. Dejó la universidad, fue a vivir a la Toscana y montó su propio hotel,
la Aciueta. Giulia quedó impresionada de lo que le contaba, su vida le había parecido impresionante
porqué ella no sería capaz de dejarlo todo solo por ser más feliz.
- Me caes muy bien. Te
conozco de hace poquísimo y parece de locos decir eso pero me das confianza.
Giulia sonrió.
- A mi me pasa lo mismo,
me caes muy bien. –dijo ella-
- ¿Quieres que te haga de
guía? Conozco los sitios más bonitos de aquí.
- ¡Sí! Me parece bien.
Terminaron de comer,
Fabio lo pago todo.
- Gracias por todo,
Fabio.
- Es lo mínimo que podía
hacer.
Todos los días Fabio iba
a buscar a Giulia y le enseñaba lugares muy bonitos, siempre reían, se sentían
muy bien juntos, se tenían mucha confianza.
Un día cuando estaban
paseando por la playa Giulia dijo:
- ¿Sabes? Te estás
convirtiendo en una persona muy importante y especial para mí.
- Tu también, Giulia.
Después de unos segundos
Fabio la besó y le susurró suavemente al oído ‘’Te quiero’’ y Giulia soltó un ‘’Yo
también’’.
Estaban muy enamorados,
Fabio se comportaba muy bien con Giulia: todas las mañanas la despertaba y le
decía ‘’Buenos días princesa’’ y le llevaba el desayuno en la cama, todo era
perfecto, los días terminaban y Giulia no quería volver a Florencia porque en
la Toscana, con Fabio, se sentía mucho mejor. Por una vez era inmensamente feliz,
no quería que el verano se terminara.
Giulia decidió tener
coraje y dejarlo todo por ser feliz, Giulia nunca volvió a Florencia, se quedo
en la Toscana con Fabio, trabajaban en el hotel. Los padres de Giulia se
enfadaron mucho con ella cuando escucharon la decisión que había hecho, perdieron el contacto. La única persona que la iba a visitar era Bibiana.
Ahora son felices y Giulia aún cree que hizo lo correcto, porque en fin, ser feliz es lo más importante en esta vida.